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16/10/2009

El escándalo de los agrocarburantes en los países del Sur

La idea de extender el cultivo de los agrocarburantes en el mundo y particularmente en los países del Sur es desastrosa. Forma parte de una perspectiva global de solución a la crisis energética

En los próximos 50 años tendremos que cambiar de ciclo energético, pasando de la energía fósil, que es cada vez más rara, a otras fuentes de energía. En el corto plazo es más fácil de utilizar lo que es inmediatamente rentable, es decir los agrocarburantes. Esta solución, al reducirse las posibilidades de inversión y al esperar ganancias rápidas, parece la más requerida a medida que se desarrolla la crisis financiera y económica.

Como siempre, en un proyecto capitalista, se ignora, lo que los economistas llaman, las externalidades, es decir, lo que no entra dentro del cálculo del mercado, para el caso que nos preocupa, los daños ecológicos y sociales. Para contribuir con un porcentaje entre el 25 a 30% de la demanda, a la solución de la crisis energética, se tendrán que utilizar centenas de millones de hectáreas de tierras cultivables para la producción de agroenergía en su mayor parte en el Sur, ya que el Norte no dispone suficientemente de superficie cultivable. Se tendrá, igualmente según ciertas estimaciones, que expulsar de sus tierras al menos a 60 millones de campesinos. El precio de estas « externalidades » no pagado por el capital sino por la comunidad y por los individuos, es espantoso.

Los agrocarburantes son producidos bajo la forma de monocultivos, destruyendo la biodiversidad y contaminando los suelos y el agua.  Personalmente, he caminado kilómetros en las plantaciones del Choco, en Colombia, y no he visto ni un ave, ni una mariposa, ni un pez en los ríos, a causa del uso de grandes cantidades de productos químicos, como  fertilizantes y plaguicidas. Frente a la crisis hídrica que afecta al planeta, la utilización del agua para producir etanol es irracional. En efecto, para obtener un litro de etanol, a partir del maíz, se utilizan entre 1.200 y 3.400 litros de agua. La caña de azúcar también necesita enormes cantidades de agua. La contaminación de los suelos y el agua llega a niveles hasta ahora nunca conocidos, creando el fenómeno de «  mar muerto » en las desembocaduras de los ríos (20 Km² en las desembocadura del Missippi, en gran medida causado por la extensión del monocultivo de maíz destinado al etanol).

La extensión de estos cultivos acarrea una destrucción directa o indirecta (por el desplazamiento de otras actividades agrícolas y ganaderas) de los bosques y selvas que son como pozos de carbono por su capacidad de absorción.

El impacto de los agrocarburantes sobre la crisis alimentaria ha sido comprobado. No solamente su producción entra en conflicto con la producción de alimentos, en un mundo donde, según la FAO, mas de mil millones de personas sufren de hambre, sino que también ha sido un elemento importante de la especulación sobre la producción alimentaria de los años 2007 y 2008. Un informe del Banco mundial afirma que en dos años, el 85% del aumento de los precios de los alimentos que precipitó a mas de 100 millones de personas por debajo de la línea de pobreza ( lo que significa hambre), fué influenciado por el desarrollo de la agroenergía. Por esta razón, Jean Ziegler, durante su mandato de Relator Especial de las Naciones Unidas por el Derecho a la Alimentación, calificó los agrocarburantes de « crimen contra la humanidad » y su sucesor, el belga Olivier De Schutter ha pedido una moratoria de 5 años para su producción.

La extensión del monocultivo significa también la expulsión de muchos campesinos de sus tierras. En la mayoría de los casos, aquello se realiza por la estafa o la violencia. En países como Colombia e Indonesia, se recurre a las Fuerzas armadas y a los paramilitares, quienes  no dudan en masacrar a los defensores recalcitrantes de sus tierras. Miles de comunidades autóctonas, en América latina, en África y en Asia, son desposeídas de su territorio ancestral. Decenas de millones de campesinos ya han sido desplazados, sobre todo en el Sur, en función del desarrollo de un modo productivista de la producción agrícola y de la concentración de la propiedad de la tierra. El resultado de todo esto es una  urbanización salvaje y una presión migratoria tanto interna como internacional.

Es necesario igualmente anotar que el salario de los trabajadores es bien bajo y las condiciones de trabajo generalmente infrahumanas a causa de las exigencias de productividad. La salud de los trabajadores está también afectada gravemente. Durante la sesión del Tribunal Permanente de los Pueblos sobre las empresas multinacionales europeas en América latina,  realizada paralelamente a la Cumbre europea latinoamericana, en mayo del 2008, en Lima, fueron presentados muchos casos de niños con malformación, debido a la utilización de productos químicos en el  monocultivo de plátano, soya, caña de azúcar y de palmeras.

Decir que los agrocarburantes son una solución para el clima, está igualmente a la moda. Es verdad que la combustión de los motores emite menos anhídrido carbónico en la atmósfera, pero cuando se considera el ciclo completo de la producción de la transformación y de la distribución del producto, el balance es más atenuado. En ciertos casos, se convierte en negativo en relación a la energía fósil.

Si los agrocarburantes no son una solución para el clima, si no lo son que de una manera marginal, para mitigar la crisis energética, y si ellos acarrean importantes consecuencias negativas,  tanto sociales como medio ambientales, tenemos el derecho de preguntarnos porqué ellos tienen tanta preferencia. La razón es que a corto  y mediano plazo aumentan de manera considerable y rápidamente la tasa de ganancia del capital. Es por esto que las empresas multinacionales del petróleo, del automóvil, de la química y del agronegocio, se interesan al sector. Ellos tienen como socios al capital financiero ( George Soros, por ejemplo), los empresarios y los latifundistas locales, herederos de la oligarquía rural. Entonces la función real de la agroenergía, es en efecto  ayudar a una parte del capital a salir de la crisis y a mantener o eventualmente aumentar su capacidad de acumulación.

En efecto, el proceso agroenergético se caracteriza por una sobreexplotación del trabajo, la ignorancia de las externalidades, la transferencias de fondos públicos hacia el negocio privado, todo aquello que permite ganancias rápidas, pero también una hegemonía de las compañías multinacionales y una nueva forma de dependencia del Sur con respecto al Norte, todo aquello presentado con la imagen de benefactores de la humanidad ya que producen "energía verde".

En lo que concierne a los gobiernos del Sur, ellos ven ahí una fuente de divisas útiles de mantener, el nivel de consumo de las clases privilegiadas.

Por lo tanto, la solución es, reducir el consumo, sobre todo del Norte y de invertir en nuevas tecnologías (solar especialmente). La agroenergía no es un mal en sí y puede aportar soluciones interesantes a nivel local, a condición de respetar la biodiversidad, la calidad de los suelos y del agua, la soberanía alimentaria y la agricultura campesina. Es decir, lo contrario de la lógica del capital.

En Ecuador, el Presidente Correa ha tenido el coraje de detener la explotación  del petróleo de la reserva natural del Yasuni. Esperemos que los gobiernos progresistas de América latina, del África y del Asia, tengan la misma firmeza. Resistir en el Norte como en el Sur, a la presión de los poderes económicos es un problema político y ético. Por lo tanto, denunciar el escándalo de los agrocarburantes en el Sur se constituye en un deber

- François Houtart,  Ex-catedrático de la Universidad Católica de Lovaina, fundador del Centro Tricontinental y autor del libro "La Agroenergía-Solución para el clima o salida de crisis para el capital?", Ruth Casa editorial y Ediciones Sociales La Habana, 2009

Fuente: Alai Amlatina, 09/09/09.-


Autor: François Houtart-
19/05/2009

El alcance geopolítico de la crisis

La mayor parte de los observadores coinciden en pronosticar una crisis de la economía mundial de una amplitud excepcional.

Esta crisis no es un accidente: era previsible, dados la ausencia de control de los flujos de capitales, la especulación salvaje y el sistema de bombeo, desde hace años, del ahorro mundial por parte de Estados Unidos.

La globalización feliz, que favorecía a las élites financieras y a las capas más afortunadas en los países ricos, se está acabando. Ahora no es posible seguir viviendo como si el sistema pudiera autocorregirse. En varios países desarrollados, inclusive en Estados Unidos, se habla de la necesidad de regulación de la economía, y el mismo presidente de Estados Unidos tuvo que inyectar dinero, en contradicción flagrante con todas las sacrosantas leyes del liberalismo, para atajar los efectos de la crisis financiera de su país. Ha sido en balde.

Antes que nada, hay que reconocer la existencia de la crisis, no sólo a nivel nacional, sino a escala planetaria. El economista Jacques Attali -ex asesor de François Mitterrand y ahora autor de un informe liberal para Nicolas Sarkozy sobre la economía francesa-, que subestimaba con grandilocuencia la crisis hace unos meses, habla ahora del tsunami que se acerca.

En segundo lugar, reconocer que no se trata sólo de una crisis de financiación, sino que ya toca al corazón mismo de la economía: empresas de construcciones, cadenas de comercialización (último ejemplo en España, Habitat).

Tercero, entender que se trata de una crisis duradera, tal y como el mismo FMI afirma -prevé dos años como mínimo- y que no va a poder solucionarse con las recetas tradicionales del laissez faire liberal, sino que necesita nuevos mecanismos, postiberales, que podrán incluir tanto acciones reguladoras de los tipos de interés, la aceptación por parte de los gobiernos de la necesidad de déficit presupuestarios e incluso en algunos sectores, nacionalizaciones imprescindibles, como ha pasado en Gran Bretaña.

Cuarto, tener claro que esta crisis económica, financiera y de largo alcance, también es una crisis geopolítica que implica la reorganización progresiva de la relación de fuerzas a escala planetaria.

Frente a esta situación, nada sería peor que reaccionar ideológicamente, para proteger una religión económica dada.

Reaccionar a la crisis supone definir de dónde vienen los problemas, y preguntarse a qué escala -nacional, regional, mundial- deben darse las respuestas.

Los parámetros fundamentales de la crisis tienen que ver con la manera con la que se ha desarrollado la globalización estas últimas dos décadas: fundamentalmente, es la estrategia financiera adoptada por Estados Unidos, con efectos muy duros sobre todo el mundo, la que ha provocado la crisis, y no, como se suele decir muy superficialmente, la subida de los precios de petróleo o de los productos alimenticios. Estas subidas, reales, son de hecho las consecuencias del encarecimiento de los precios de todos los bienes a nivel mundial, lo que resulta directamente de la exportación de la inflación de Estados Unidos al resto del mundo por no tener una política drástica, como los europeos han impuesto desde mediados de los años noventa, de gestión de los déficit públicos y privados.

El déficit presupuestario estadounidense es abismal: no hay ejemplo comparable en el mundo. Así, en 2009, está previsto que alcance los 482.000 millones de dólares (en torno a los 306.000 millones de euros), más 141.800 millones de dólares para financiar las guerras de Irak y Afganistán. Recordemos que el presupuesto militar de Estados Unidos ha sido, para 2008, de 645.600 millones de dólares, con 503.800 millones de dólares para la financiación de la actividad del Pentágono y de los programas de armas nucleares. Ahora bien, la casi totalidad de estos gastos son financiados por el ahorro mundial, sobre todo por las compras de bonos del Tesoro americano por parte de China, los países del Golfo Pérsico, Japón, los fondos europeos y otros.

La crisis de las subprime de agosto de 2007 desveló de manera particularmente cruel esta política generalizada de endeudamiento de Estados Unidos en detrimento del resto del mundo. Dicho de otra manera, la crisis actual de la economía mundial es, primero, la crisis de la economía estadounidense, a la que daña gravemente, poniendo probablemente fin a la hegemonía económica mundial de Estados Unidos. Este país está ya en recesión, y dados los vínculos de su economía con el resto del mundo, la metástasis es inevitable.

Pero lo radicalmente nuevo es el espacio geopolítico en el que ocurre esta crisis de la economía estadounidense: se desarrolla en el contexto del auge de nuevos polos económicos que Estados Unidos no puede controlar: China, India, Brasil, México y países emergentes de la ASEAN, que están de hecho reorganizando el sistema comercial y productivo planetario. Ahora bien, contrariamente a los japoneses, europeos o países del Golfo -cuyos intereses y posicionamiento en el dispositivo económico internacional son cómplices de los de Estados Unidos-, los países emergentes quieren tener peso en el juego mundial, porque, en la globalización actual, sus ventajas comparativas (sobre todo, la mano de obra barata y la ausencia de políticas sociales) les favorecen. Es el precio del liberalismo mundial cuya característica es la competición a la baja de todo: calidad, sueldos, etcétera.

Todo ello plantea varias preguntas. Primero, es obvio que el sistema económico no puede seguir funcionando con pautas meramente monetarias y especulativas. El debilitamiento duradero del dólar pone en peligro la economía mundial. No es por casualidad que algunos países del Golfo, así como los chinos e inclusive los japoneses, están diversificando sus reservas de divisas, aceptando cada vez más el euro u otras monedas más fiables para sus exportaciones. No quieren ser pagados en moneda falsa. Llegado a este punto, ¿qué sistema monetario necesitaremos en el futuro de un mundo globalizado?

En segundo término, debemos plantearnos nuevos interrogantes, impensables hace sólo dos décadas: ¿cómo se van a insertar estas economías emergentes en el capitalismo del siglo XXI? ¿Qué modelo de hegemonía va a prevalecer con la decadencia progresiva de la dominación occidental sobre la economía mundial? Actualmente, el eje dominante es una alianza conflictiva pero necesaria entre Estados Unidos, Europa, Japón y los países del Golfo. ¿Se va a abrir a China, India, Brasil, México, esta alianza? ¿Cuál va a ser el precio social de la apertura? Y, en caso contrario, ¿cómo van a reaccionar estos nuevos polos de poder?

Más exactamente: Estados Unidos, que necesita más que nunca el apoyo de China y de India para su comercio y sus inversiones internas, ¿mantendrá el eje americano-europeo o va a desplazar su línea de intereses estratégicos hacia los países de Asia?

Son las cuestiones que se plantean en la actualidad en los centros de poder de Estados Unidos, un debate que se analiza también en las páginas de opinión de la prensa especializada de muchos otros países. Lo que parece bastante probable es que Europa va a tomar tarde sus decisiones, pues no tiene todavía claro el modelo institucional que la deba regir. Finalmente, esta reorganización inevitable de las relaciones económicas afectará también al papel de Rusia, potencia insoslayable, y del mundo árabe, que tiene muchos recursos para hacerse oír, siendo los más evidentes los energéticos.

En resumidas cuentas, estamos ante una crisis económica mundial que es sólo la punta del iceberg, y que esconde una importante reorganización geopolítica en la que van a vencer los que mejor sepan utilizar sus fuerzas y gestionar sus debilidades.


Autor: Sami Nair
30/04/2009

Los responsables de la crisis.

¿Cómo es posible que un sencillo chip electrónico registre nuestra ubicación, nuestros informes médicos, nuestro saldo bancario, nos proporcione entradas para el cine, dirija un arma inteligente de quinta generación, o fotografie una moneda desde el espacio y sin embargo no se detecte una estafa financiera de 50.000 millones de dólares?

Es curioso y es inverosímil. Sólo hay una posibilidad de que un fenómeno así tenga lugar, y es que se produzca en el seno de un sistema financiero y político corrompido hasta los tuétanos. No vale buscar un  falso chivo expiatorio. El sistema económico internacional es una gran maquinaria de  expolio a los empobrecidos, gobernado por los grandes bancos y empresas transnacionales y amparado por todos los gobiernos.

El cataclismo financiero internacional ha puesto de manifiesto que los fuertes disponen de todos los recursos que necesiten  mientras el empobrecimiento provocado asesina diariamente a más de 100.000 personas por hambre. Sin embargo nos han contado durante decenios que el hambre no tenía solución, que sólo se podían paliar sus efectos mediante apadrinamientos humillantes y limosnas como el 0,7%. Por fin ha quedado demostrado que el hambre del 85% de la humanidad es un crimen político provocado. La banca va ha recibido, de momento, más de 2,0 billones de euros de dinero público; sólo el gobierno español va a soltar 150.000 millones que se sepa. ¿Y los hambrientos?, ¿Y los parados?, ¿Y los niños esclavos?. ¿Quién responde de estos crímenes?. ¿Quién responde de las mentiras? ¿Quién responde de las estafas? ¿Quién responde del asistencialismo humillante y cómplice de las ONGs? La crisis que actualmente devora las arcas públicas de los países enriquecidos ya devoraba la vida de la mayoría de la humanidad. ¿Quién responde?.


Autor: Editorial Autogestión
06/04/2009

Aborto y capitalismo

El aborto y el capitalismo forman un binomio antropológico inseparable que considera al ser humano como cosa, como instrumento, como simple material biológico.

Estamos convencidos de que el aborto es un crimen  que pone de manifiesto el espíritu capitalista de forma especialmente expresiva. Supone la dominación de un ser mucho más fuerte sobre otro indefenso. Supone considerar al propio hijo como una propiedad más de la que me puedo deshacer. Supone considerar al niño como una carga insoportable ya sea económica, social o psicológica. Supone la eliminación de una criatura si hay malformaciones o discapacidades que no se está dispuesto a asumir. Tanto la madre como el hijo son víctimas de una concepción materialista de la existencia. Hoy defender el aborto es asumir plenamente el espíritu capitalista más salvaje, sin embargo hay muchos que estando en contra del aborto defienden el capitalismo. ¿Se puede ser más incongruente?. Otros muchos dicen estar contra el capitalismo y como consecuencia son proabortistas. ¿Se puede aceptar tal contradicción?            Los señores del PP ante la propuesta del PSOE  a favor de extender el aborto se dedican a decir que es una cortina de humo para tapar la crisis. El asesinato de más de 100.000 personas al año en España no es una cortina de humo, señores populares. Es un paso más en la transformación radical  de una sociedad. Hoy todos los ciudadanos, especialmente los jóvenes de nuestro país, necesitan un debate político de altura moral que ponga las cosas en su sitio. El aborto y el capitalismo forman un binomio antropológico inseparable que considera al ser humano como cosa, como instrumento, como simple material biológico. El aborto no es ninguna cortina de humo. Sean sinceros sres. del PP y reconozcan que no quieren dar la cara en la defensa de la vida humana. El capitalismo mata de hambre y mata por aborto y no valen las componendas.
Autor: Editorial Autogestión- Fecha: 2009-04-06

31/03/2009

NICARAGUA: Agrotóxicos provocan insuficiencia renal crónica

La empresa transnacional no admite la responsabilidad en enfermedad y muerte de trabajadores.

Más de 3,000 trabajadores del Ingenio San Antonio, de propiedad del Grupo Pellas, han fallecido desde 1990 por insuficiencia renal crónica (IRC) y actualmente más de 5,000 han contraído la enfermedad a consecuencia del uso masivo de agrotóxicos y la contaminación de recursos hídricos, según la Asociación Nicaragüense de Afectados por Insuficiencia Renal Crónica (ANAIRC).

El Ingenio San Antonio pertenece a Nicaragua Sugar Estates Limited, una de las empresas del Grupo Pellas. Su principal actividad es la producción de azúcar —incluida la elaboración del ron Flor de Caña—, etanol y energía eléctrica. Está ubicado en Chichigalpa, en el norteño departamento de León, a dos horas de Managua, la capital.

Carmen Ríos, presidenta de ANAIRC, relató a la periodista italiana Cristina Artoni que “en 1969 la familia Pellas adquirió grandes extensiones de tierra en esta zona del país para el monocultivo de caña y la producción de licor. Todos nosotros somos trabajadores del sector agroalimentario. A partir de 1990, en la ciudadela que la empresa había creado para los trabajadores, comenzó a morir gente, y seguían muriendo y muriendo. Comenzamos a protestar y aconsejamos a los Pellas que cerraran la ciudadela. La cantidad de muertos aumentó de manera impresionante”.

Ríos precisó que los Pellas, originarios de Génova, Italia, se establecieron en Nicaragua a fines del siglo XIX. “En 100 años levantó la empresa más importante del país. Ahora el señor [Carlos] Pellas dice que no quiere oír hablar de indemnizaciones, pero queremos recordarle que es responsable de la realidad que estamos viviendo”.

Pozos contaminados
La empresa, que niega cualquier responsabilidad, acusa a los enfermos de ser borrachos y drogadictos y que son otras las causas de la enfermedad. Sin embargo, un estudio del 2006 de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), referido por Artoni, encontró que 95% de los 26 pozos que abastecen el territorio noroeste del país y 95.7% de las muestras de 65 pozos familiares están contaminados con heces, herbicidas, bacterias y agrotóxicos.

De acuerdo con una reciente investigación realizada por la UNAN-León, existe una posible relación causa-efecto entre la actividad laboral y la IRC.

La doctora Cecilia Torres, investigadora de Salud Ocupacional de la UNAN-León, en declaraciones recogidas por la Regional Latinoamericana de la Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación, Agrícolas, Hoteles, Restaurantes, Tabaco y Afines (Rel-UITA), indicó que entre los principales factores de riesgo de la IRC en Nicaragua se encuentran los neurotóxicos ambientales, como los metales pesados —arsénico, cadmio y plomo— y agroquímicos como aldrin, clorotalonis, maneb, sufato de cobre, endrin y nemagón.

“Tomamos los datos de mortalidad del Ministerio de Salud del 2005 y calculamos la tasa nacional que resultó ser de un paciente por cada 10,000 habitantes”, dijo. “Nos dimos cuenta que esa tasa se quintuplicaba en la zona de occidente y se disparaba a 13 por cada 10,000 habitantes en algunos municipios”.

Los resultados, señaló Torres, revelaron que la mayor incidencia de la IRC fue en los sectores de la minería, un 37%, y agricultura y café, 34% y 14% respectivamente. “En la comunidad de La Isla, en Chichigalpa, donde se trabaja principalmente la caña, es donde la prevalencia de la IRC fue más alta, alcanzando el 41%, y con un 7% de personas en estado terminal”, agregó.

El doctor Jesús Marín, director del Centro Nacional de Prevención y Control de Sustancias Tóxicas (CIVATOX) del Ministerio de Salud, manifestó que desde 1998 se ha observado “un gran aumento en las estadísticas de la IRC a nivel mundial, tanto de mortalidad como de morbilidad”.
La Sociedad Latinoamericana de Nefrología establece que el promedio de mortalidad por IRC debería ser de 130 pacientes por millón, pero en León y en el departamento vecino de Chinandega, la mortalidad alcanza a los 500 pacientes por millón. Incluso en algunos municipios esas cifras se triplican, explicó Marín a la Rel-UITA.

Este caso recuerda a los miles de trabajadores bananeros afectados por el uso del agroquímico nemagón, nombre comercial del dibromocloropropano (DBCP), quienes llevaron a juicio a las transnacionales Dole Food, Dole Chemical, Shell Chemical, Occidental y Standard Fruit.

En el 2004, un tribunal en EEUU ordenó a Schell Chemical y Dole Food pagar una indemnización de US$82.9 millones a 81 mujeres campesinas que enfermaron por el uso del agroquímico. Tres años después, un jurado de California ordenó a Dole Food pagar una indemnización de $2.5 millones a seis trabajadores bananeros de la empresa Standard Fruit —que forma parte de Dole— que quedaron estériles debido al uso del nemagón. La corte encontró culpable por negligencia a la empresa por haber ocultado los daños que el pesticida causa al sistema reproductivo. El producto está prohibido en EEUU desde 1979, pero en Nicaragua continuó usándose hasta 1981.


Autor: Noticias Aliadas
13/01/2009

Los supermercados y la crisis alimentaria mundial (extracto)

La crisis alimentaria ha dejado sin comida a miles de personas en todo el mundo, el Banco Mundial añade cien millones de hambrientos más fruto de la crisis actual...

Esther Vivas *  (Adital 04.12.08)

 El "tsunami" del hambre no tiene nada de natural, sino que es resultado de las políticas neoliberales impuestas durante décadas por las instituciones internacionales. Hoy, el problema no es la falta de alimentos sino la imposibilidad para acceder a ellos debido a sus altos precios.

Esta crisis alimentaria deja tras sí a una larga lista de perdedores y de ganadores. Entre los más afectados, se encuentran mujeres, niños y niñas,... En definitiva, aquellos que engrosan las filas de los oprimidos del sistema capitalista. Entre los ganadores, encontramos a las multinacionales de la industria agroalimentaria que controlan de origen a fin la cadena de producción, transformación y comercialización de los alimentos. De este modo, mientras la situación de crisis azota, principalmente, a los países del sur global, las multinacionales del sector ven multiplicar sus ganancias.

Monopolios

La cadena agroalimentaria está controlada en cada uno de sus tramos (semillas, fertilizantes, transformación, distribución, etc.) por multinacionales que consiguen grandes beneficios gracias a un modelo agroindustrial liberalizado y desregularizado. Un sistema que cuenta con el apoyo explícito de las élites políticas y de las instituciones internacionales que anteponen los beneficios de estas empresas a las necesidades alimenticias de las personas y el respeto al medio ambiente.

La gran distribución, al igual que otros sectores, cuenta con una alta concentración empresarial. En Europa, entre los años 1987 y 2005, la cuota de mercado de las diez mayores multinacionales de la distribución significaba un 45% del total y se pronosticaba que ésta podría llegar a un 75% en los próximos 10-15 años. En países como Suecia, tres cadenas de supermercados controlan alrededor del 95,1% de la cuota de mercado; y en países como Dinamarca, Bélgica, España, Francia, Holanda, Gran Bretaña y Argentina, unas pocas empresas dominan entre el 60% y el 45% del total. Las megafusiones son la dinámica habitual en el sector. De este modo, las grandes corporaciones, con su matriz en los países occidentales, absorben a cadenas más pequeñas en todo el planeta asegurándose su expansión a nivel internacional y, especialmente, en los países del sur global.

Este monopolio y concentración permite un fuerte control a la hora de determinar lo qué consumimos, a qué precio lo compramos, de quién procede, cómo ha sido elaborado, con qué productos, etc. En el año 2006, la segunda empresa más grande del mundo por volumen de ventas fue Wal-Mart y en el listado de las cincuenta mayores empresas mundiales se encontraban también, por orden de facturación, Carrefour, Tesco, Kroger, Royal Ahold y Costco. Nuestra alimentación depende cada día más de los intereses de estas grandes cadenas de venta al detalle y su poder se evidencia con toda crudeza en una situación de crisis.

De hecho, en abril del 2008 y frente a la situación de crisis alimentaria mundial, las dos mayores cadenas de supermercados de Estados Unidos, Sam’s Club (propiedad de Wal-Mart) y Costco (de venta a mayoristas), apostaron por racionar la venta de arroz en sus establecimientos aludiendo a una posible restricción en el suministro de este cereal. En Sam’s Club, se limitó la venta de tres variedades de arroz (basmati, jasmine y grano largo) así como la compra de sacos de arroz de nueve o más quilos a un total de cuatro por cliente; en Costco se restringió la venta de harina y de arroz frente al aumento de la demanda. En Gran Bretaña, Tilda (la principal importadora de arroz basmati a nivel mundial) también estableció restricciones a la venta de arroz en algunos establecimientos al por mayor. Con esta medida se puso en evidencia la capacidad de las grandes cadenas de distribución de incidir en la compra y venta de determinados productos, limitar su distribución e influir en la fijación de sus precios. Un hecho que ni siquiera se había producido en Estados Unidos tras la II Guerra Mundial, cuando sí se restringió el acopio de petróleo, neumáticos y bombillas, pero no de alimentos.

Cambio de hábitos

Otra dinámica que se ha puesto de relieve frente a la situación de crisis alimentaria ha sido el cambio de hábitos a la hora de hacer la compra. Ante la necesidad, por parte de los clientes, de abrocharse el cinturón y buscar aquellos establecimientos con precios más baratos, las cadenas de descuento han sido las que han salido ganando. En Italia, Gran Bretaña, España, Portugal y Francia, estos supermercados han visto aumentar sus ventas entre un 13% y un 9% el primer trimestre del 2008 respecto al año anterior.

Otro indicador del cambio de tendencia es el aumento de las ventas de marcas blancas que ya suponen, según datos del primer trimestre del 2008, en Gran Bretaña un 43,7% del volumen total de ventas, en el España un 32,8%, en Alemania un 31,6% y en Portugal y Francia alrededor del 30%. Cuando son, precisamente, las marcas blancas las que dan un mayor beneficio a las grandes cadenas de distribución y permiten una mayor fidelización de sus clientes.

Pero más allá del papel que la gran distribución pueda jugar en una situación de crisis (con restricciones a la venta de algunos de sus productos; cambios en los hábitos de compra, etc.), este modelo de distribución ejerce a nivel estructural un fuerte control e impacto negativo en los distintos actores que participan en la cadena de distribución de alimentos: campesinos/as, proveedores, consumidores/as, trabajadores/as, etc. De hecho, la aparición de los supermercados, hipermercados, cadenas de descuento, autoservicios..., en el transcurso del siglo XX, ha contribuido a la mercantilización del qué, el cómo y el dónde compramos supeditando la alimentación, la agricultura y el consumo a la lógica del capital y del mercado
*Coautora del libro Supermercados, no gracias (Icaria editorial, 2007)
Autor: Esther Vivas- Fecha: 2009-01-06

08/08/2008

Los gigantes del agronegocio multiplican sus beneficios


Al mismo tiempo que el espectacular incremento de los precios de los alimentos arroja a millones de personas a la miseria y el hambre, las tres multinacionales de la alimentación (Cargill, Bunge y ADM) suman beneficios históricos.

Los tres gigantes, que controlan el 80% de la comercialización de los cereales en todo el mundo, han visto crecer sus beneficios en el primer trimestre de 2008 desde un 55% a un 189%.

La declaración final de la Conferencia de Alto Nivel sobre Seguridad Alimentaria que la FAO convocó en Roma del 3 al 5 de junio insiste en las políticas promovidas por el BM, el FMI y la OMC, que han desregulado los mercados de países empobrecidos, así como fortalecido los monopolios que controlan la cadena de producción y distribución de alimentos.

La cumbre, que se cerró sin solución alguna para garantizar el derecho a la alimentación de la población mundial, estuvo marcada por la participación de las mismas instituciones que son responsables de la crisis actual.

El problema no es la falta de alimentos, denuncian, sino las empresas que especulan con ellos y la falta de soberanía alimentaria de los países empobrecidos.
Autor: Diagonal- Fecha: 2008-08-04

19/07/2008

Denegado por ser cristiano


El Ayuntamiento de Bilbao impide la difusión de información solidaria contra el hambre en el mundo, contra el paro y contra la esclavitud infantil a una asociación, alegando como motivo, ser confesional.

Autor: Elías Moral    Fecha: 2008-07-08